La crisis avanza en caída libre

Por Pablo Felizia

Solo hay que recorrer el centro de Paraná y contar por cuadra cuántos comercios se encuentran cerrados y en alquiler. En los mismos barrios de la ciudad, donde había algunos negocios próximos, quedan las vidrieras tapadas. No es en todo momento, con todos los rubros y en todos lados igual, pero hoy no es fácil encarar un comercio y menos animarse a sacar un crédito para producir, para comprar máquinas y jugarse a emprender. Es que al hacer los números: alquiler, impuestos, luz, internet, insumos y demás, es tanto lo que hay que vender que la decisión se debe pensar más de una vez.
Según la Confederación Argentina de la Mediana Empresa, en noviembre, las ventas minoristas pymes registraron una variación interanual de -4,1% a precios constantes. Es decir, se vende menos. Y en comparación con octubre la caída fue mayor: -9,1%. “Al analizar la situación económica actual de los comercios, el 54,2% de los encuestados reportó estabilidad en la comparación interanual. No obstante, un 37% señaló un deterioro en las condiciones, cifra que representa un incremento de cuatro puntos porcentuales respecto a octubre, revirtiendo parcialmente la mejora de percepción registrada el mes anterior”, destacó el informe.
Entre noviembre de 2023 y mayo de 2025 bajaron la persiana 15.564 empresas en la Argentina (Perfil.com). El 99,7% eran pymes de menos de 50 trabajadores y los datos surgen de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo.
Por su parte, la Asociación de Empresarios y Empresarias Nacionales Para el Desarrollo Argentino afirmó que con el cierre de Whirlpool, quedaron más de 220 trabajadores en la calle y aportó otros ejemplos recientes: Luxo (textil): cerró y despidió a 40 trabajadores; Akapol (Voligoma): suspendió a su personal en forma rotativa; Vulcalar (calzado): cerró y despidió a 80 personas; Dana (autopartes): dejó de producir en el país y despidió a 60 trabajadores; Kimberly-Clark: despidió a 230 trabajadores; Kenvue (Siempre Libre): despidió a 130 empleados; Porcelanatos ILVA: cerró su planta y dejó a 300 trabajadores en conflicto.
A estos ejemplos se suman las empresas pequeñas o los talleres que cierran, despiden trabajadores y no aparecen en las noticias.
Incluso hay firmas internacionales que no llegan a sus objetivos anuales y amenazan con el cierre de líneas de producción, despidos o suspensiones. Será un fin de año muy difícil para todas estas familias que se quedan sin laburo.
“No hay un mango en la calle” y crecen las deudas por los créditos que se sacan para pagar la tarjeta con la que se compró en el supermercado. Hemos descripto en este medio cómo se da el proceso de ese endeudamiento familiar insostenible.
Y a la falta de plata en la calle, se le suman las importaciones de todo tipo de productos, que por lo general vienen de China o al menos es lo que se ve: la novedad en la Peatonal de Paraná es un nuevo bazar chino que se suma a tantos otros, con productos que a veces también están muy por debajo en comparación a otros comercios locales; la competencia parece imposible.
No se debe dejar afuera las ventas por Internet de plataformas que ofrecen productos que compiten de forma directa con el comerciante local (Ver página 2).
Los que saben dicen que el camino que lleva adelante el presidente Javier Milei y La Libertad Avanza afecta o destruye a la industria nacional.
Y la apertura de importaciones encaja justo con la caída en las ventas de comercios e industrias locales. Así, toda la cadena se rompe.
Un taller por más chico que sea y un comercio aunque no esté en el centro de una gran ciudad son la vida de quienes producen y trabajan en ellos.
Toda esta situación atenta contra los intereses nacionales. Se estima que ya se perdieron 270.000 puestos de trabajo formales en la Argentina.
Y hay muchos indicios más: ¿Cuántos en Paraná decidieron empezar a trabajar en Uber, en Didi, en las empresas de pedidos y entregas rápidas?
–Es para tener un ingreso extra.
–¿Pero entonces tenés tu trabajo y además laburás en el Uber?
–Sí, es que sino no me alcanza. Está difícil.
A esta misma respuesta la dieron comerciantes, profesionales, obreros de la construcción e industriales, transportistas y camioneros, y hasta integrantes de fuerzas de seguridad. Algunos, entre el Uber y sus labores formales llegan a trabajar entre 12 o 14 horas por día.
–Es que me quedé sin trabajo.
–¿Y con el Uber se gana bien?
–Sí, porque el auto es mío, si manejara el auto de otro no sé si me iría tan bien. Y puedo manejar mis tiempos.
–¿Y sí se rompe algo del auto, llegás a pagar el arreglo?
–Ni quiero pensar en eso.
Y esa otra de las respuestas de la calle. La crisis avanza en caída libre.

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